Y no es el colesterol. Durante décadas nos han repetido que el colesterol es el principal responsable de los infartos y de las arterias «atascadas». Sin embargo, la ciencia ha evolucionado y hoy sabemos que la realidad es bastante más compleja. De hecho, cada vez más estudios muestran que el colesterol total o incluso el colesterol LDL («colesterol malo») no son los mejores predictores del riesgo cardiovascular. Aquí te cuento por qué no es el principal villano.
Entonces, ¿qué deberíamos mirar realmente? Sigue leyendo porque probablemente cambie tu forma de entender la salud cardiovascular.
El colesterol no viaja solo
Te recuerdo brevemente: el colesterol no puede circular libremente por la sangre, necesita ser transportado mediante unas partículas llamadas lipoproteínas. Entre ellas encontramos las conocidas HDL y LDL.
Durante años se ha utilizado el colesterol LDL (LDL-C) como principal marcador del riesgo cardiovascular. Sin embargo, el LDL-C únicamente nos indica la cantidad de colesterol que transportan esas partículas, pero no cuántas partículas existen realmente.
Y ahí está una diferencia fundamental.
ApoB: el biomarcador que está cambiando las reglas del juego
Cada partícula potencialmente aterogénica (LDL, VLDL, IDL o Lp(a)) contiene una única molécula de Apolipoproteína B (ApoB). Por tanto, medir ApoB equivale prácticamente a contar cuántas partículas capaces de penetrar en la pared arterial circulan por nuestra sangre. ¡Y esto es la clave!
¿Por qué importa esto?
Porque el daño en las arterias no depende únicamente de la cantidad de colesterol transportado, sino del número de partículas que tienen oportunidad de atravesar la pared arterial (estudio, estudio).
Cuantas más partículas circulen, más probabilidades existen de que alguna quede retenida en la pared del vaso sanguíneo, iniciando el proceso inflamatorio que puede terminar formando una placa de ateroma (estudio).
Además, cuando estas partículas son pequeñas y densas, tienen mayor facilidad para penetrar y permanecer atrapadas en la pared arterial, aumentando todavía más el riesgo cardiovascular (estudio).
La evidencia científica cada vez es más clara
Uno de los estudios más interesantes en este campo fue el estudio CARDIA, que siguió durante 25 años a adultos jóvenes inicialmente sanos.
Los resultados fueron muy llamativos: las personas que tenían niveles elevados de ApoB, a pesar de presentar un colesterol LDL normal, desarrollaron un 55 % más de riesgo de calcificación de las arterias coronarias años después. En cambio, quienes tenían colesterol LDL elevado pero niveles normales de ApoB no mostraron un incremento significativo del riesgo (estudio).
Es decir, el número de partículas fue un predictor mucho más fiable que la cantidad de colesterol transportado (estudio, estudio, estudio, estudio).
La evidencia continúa creciendo. Un análisis publicado en 2025 que reunió datos de casi 600.000 participantes procedentes de 15 estudios concluyó que, siempre que ambos biomarcadores se comparaban directamente, ApoB resultaba superior al colesterol LDL para predecir el riesgo cardiovascular (estudio).
No es casualidad que las guías más recientes de la American Heart Association (AHA), la American College of Cardiology (ACC) y la Sociedad Española de Arteriosclerosis ya recomienden incorporar la medición de ApoB en la valoración del riesgo cardiovascular, especialmente en personas con factores de riesgo o resultados dudosos (guía, guía, estudio).
Hay otro marcador del que apenas se habla: la Lipoproteína(a)
Existe otro factor de riesgo cardiovascular que todavía es bastante desconocido para la mayoría de la población: la Lipoproteína(a) o Lp(a).
Se trata de una partícula muy parecida al LDL, pero con una proteína adicional que le confiere un comportamiento especialmente aterogénico y favorece también la formación de trombos.
Lo más importante es que sus niveles dependen casi exclusivamente de la genética (estudio).
De hecho, la concentración de Lp(a) queda prácticamente estable y apenas se modifica mediante alimentación, ejercicio físico o cambios en el estilo de vida.
Por eso, una persona puede llevar una alimentación excelente, hacer ejercicio con regularidad y mantener un estilo de vida saludable, pero seguir presentando niveles elevados de Lp(a).
Precisamente por este motivo, las principales sociedades científicas recomiendan medir la Lp(a) al menos una vez en la vida adulta, especialmente cuando existen antecedentes familiares de infarto, ictus o enfermedad cardiovascular precoz.
Conocer este dato puede permitir identificar personas con un riesgo elevado que pasarían completamente desapercibidas si únicamente se evaluara el colesterol convencional.
Entonces, ¿el colesterol ya no importa?
Hoy sabemos que no cuenta toda la historia. Dos personas pueden tener exactamente el mismo colesterol LDL y presentar riesgos cardiovasculares completamente diferentes.
Una puede transportar ese colesterol en pocas partículas grandes, mientras que otra puede hacerlo en muchísimas partículas pequeñas. Aunque ambas tengan el mismo LDL, la segunda tendrá muchas más oportunidades de que esas partículas penetren en la pared arterial.
Por eso cada vez cobra más importancia conocer el número de partículas mediante ApoB y valorar otros marcadores como la Lp(a).
¡Sigue atent@ a mis próximos artículos para seguir aprendiendo!
La información de este artículo es divulgativa y no sustituye una valoración individualizada. Si quieres un enfoque personalizado, puedes ponerte en contacto conmigo o reservar una llamada informativa gratuita para valorar tu caso.
Eli, Doctora (PhD) y Dietista integrativa somática


